miércoles, 19 de noviembre de 2014

Malas costumbres




A veces, en esas frecuentes ocasiones en las que mientras paseo me pregunto qué será de cada uno de los seres con los que me cruzo, también me pregunto cuándo llegará el momento en el que definitivamente exploten todas las tensiones que cada uno de nosotros llevamos dentro; porque quien más y quien menos se encuentra de una u otra manera metido en el ajo, en la redada, en el callejón sin salida que supone la no marcha atrás de un proyecto social demasiado enrevesado ya como para ahora ponerse a darle la vuelta a la tortilla: en el hipotético mejor de los casos, suponiendo que todos nos pusiéramos de acuerdo, nos faltaría tiempo para ver consolidado un plan de semejantes dimensiones, luego resultaría imposible ya que nuestra falta de conciencia acabaría por desechar dicha idea por no merecernos la pena el hecho de que sean otros quienes se aprovecharan de nuestra labor, o sea que el que venga detrás que arreé. Porque mirándolo bien no hay que ir a Salamanca para adivinar lo cerca que andamos del colapso mental, de la esquizofrenia provocada por vernos obligados a actuar con una nada recomendable dosis de cinismo en nuestro día a día, en nuestras relaciones con compañeros y conciudadanos, con personas que por ejemplo se encuentran al otro lado de un mostrador y de cuya buena fe y voluntad puede que dependa atendernos para resolver un importante trámite burocrático o decirnos venga usted mañana más temprano; porque mirándolo con cierta objetividad la hipocresía con la que resolvemos asuntos ordinarios acaba por imponerse en nuestra manera de proceder hasta calar en los huesos de nuestros planes personales, viéndonos transformados en animales de malas costumbres que utilizan hábitos dañinos bajo la excusa de que hay que mirar por y para uno mismo: eso es lo que nos han enseñado, a mirar por y para uno y por y para nadie más, como si fuésemos capaces de resistir toda una vida sin más miramientos ni preocupaciones que los que suponen disponer de cuanto se necesita, y de muchas absurdas y superfluas cosas que literalmente no sirven para nada, cueste lo que cueste, sin mira para otro lado, sólo de frente y sin escrúpulos, sólo hacia el frente con la mirada telescópica de nuestro fusil puesta en la diana del yo primero. A mi me da vergüenza, la verdad, sentirme un poco así de vez en cuando, cuando me miro desde fuera y en mí observo detalles parecidos a lo que trato de explicar. La individualidad, que no es mala, trastornada en un recalcitrante individualismo voraz y lobuno se convierte en una amenaza que pone en peligro de extinción tanto a las bases de la convivencia como a los preceptos y valores del civismo. Sentía ganas de decirlo.

4 comentarios:

  1. ¡Es verdad! Andamos todos desquiciados, histéricos, nerviosos y eso repercute negativamente en nuestros trabajos. Acabamos todos contagiándonos y la efervescencia sube y se dispara. Deberías sosegarnos y tranquilizarnos o aprender técnicas de relajación.
    Salu2 relaja2.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, un poco de yoga, por ejemplo, pero en grandes dosis.

      SALUD, Dyhego.

      Eliminar
  2. No hay mejores vistas que al abrir la ventana del alma al exterior...Para que no se condensen las ideas.
    Um abrazo oxigenado...!!

    ResponderEliminar