lunes, 18 de abril de 2016

Apuntes de un diario


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Escribir es ordenar el pensamiento, hacerlo revolotear hasta dar con la clave del punto y coma, de esa infinitud de metáforas algunas de las cuales uno no se atreve a poner negro sobre blanco porque no, como si un sexto sentido me orientara a no abusar de la desproporción que acaba en incongruencia; vuelvo a pensar, vuelvo a querer hacerme entender, a querer decir algo con el más mínimo estricto sentido de coherencia que le de respaldo a mis manifestaciones, a lo que pulula por la mente de uno mientras pasea y ve y trata de observar manteniendo en la medida de lo posible la capacidad de asombro intacta; un retorno, un eterno retorno a lo mismo, intentándolo de otra manera o de la misma, la parte literaria del mito de Sísifo, la piedra que rueda montaña abajo y se vuelve a empujar, ese ciclo vegetativo del ir y venir entre buenas y malas noticias, entre frustraciones y alegrías, entre decepciones y recompensas, entre chaparrones y puestas de sol que lo inundan todo con su luz menguante y tranquilizadora. Sería imposible sin la letra escrita, me digo, casi una locura, una fuente sin salida, un tren expreso al que le revienta la caldera, un ton sin son que sustente el soniquete de una melodía que se propone ser alentadora. Otra vuelta de tuerca, otro volver a empezar en compañía de los libros, del estímulo de la cerveza como piedra de toque, como punto de partida de la contemplación a la que le sigue una siesta que rinde honor a los efectos del lúpulo y su Morfeo; otro arroparse en el calor de la literatura, en el sabor a página impresa de Marcel Proust y de Muñoz Molina. La ciudad se difumina entre sus fiestas, entre sus farolillos y su albero, entre sus casetas de gente entusiasta y chovinista y su tender la ropa a deshoras, entre fantasmas y fantoches que amanecen beodos y sin rumbo más allá del real de la feria, y yo casi me pierdo en un calendario al que se le escapan por las costuras las fechas de devolución de la biblioteca, cada loco con su tema; y es que uno no puede estar en todo sin dejar de estar en uno mismo, en Jauja o en Babia, en la Musarañas o en el país del desinterés, en esa forma tan cobarde y tan subalterna de no querer saber nada de nada ni de nadie que acaba pasando factura. Mucho trabajo. Hoy me ha dejado tieso, helado, compungido, indefenso, moribundo, triste, pobre, no yo, sin aliento, una sanción por la que no sé hasta cuándo no podré volver a sacar un libro en préstamo de ninguna de las bibliotecas de Andalucia; con lo que uno ha sido y verse ahora en éstas; habrá que comprarlos, no hay mal que por bien no venga ni que cien años dure; Sevilla es una ciudad en la que se goza del beneplácito de disponer de buenas librerías, de viejo y de esas que parecen supermercados, con polvo y con brillo, de segunda mano y con todas las novedades disponibles al instante. Hay voces a las que hay que escuchar, hay voces que te dicen dos cosas y esas dos cosas son importantes, hay voces, una voz, que me ha recordado que llevaba muchos días sin escribir y eso se merece un volver a empezar en esta entrada en forma de retazos de un diario. Siempre hay un ángel de la guarda que nos mira por encima del hombro lo que escribimos cuando no escribimos, un ser que no somos nosotros ni está en nosotros, y eso es una bellísima manera de demostrar la amistad.

4 comentarios:

  1. Clochard:
    ¡me quedo de piedra al leer lo de tu sanción!
    ¿Acaso no se han dado cuenta que una persona que saca tantos libros es incapaz de quedárselo? Un despiste lo tiene cualquiera.
    Siempre se celebra tu vuelta.
    Salu2.

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    1. No hay mal que por bien no venga; todo fluye.

      salud, Dyhego

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  2. Ten cuidado Juan que ya estás fichado,la próxima a la cárcel con Mario Conde;))Total:el dinero,los libros,los librillos para hacer liados...todo sale del mismo árbol.
    Un recuerdabrazo!!

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    1. Ahora comienza para mi una nueva etapa como lector, otra postura, otra textura, otra cosa.

      Besos, Amoristad.

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