jueves, 25 de diciembre de 2014

Es de agradecer



Es de agradecer, en un día como el de hoy, 25 de diciembre, en el que casi todos los establecimientos se encuentran cerrados, fundamentalmente los situados en zonas de poco tránsito, aquellos cuyo día a día se nutre de una concurrencia vecina que vive en las proximidades, en la misma calle, en el barrio, en cambio haya otros, los menos, que accedan a abrir sus puertas y darnos la oportunidad de tomar en ellos un café, de comprar una revista o de echarle una hojeada al universo de la red, como es el caso del locutorio desde el que escribo estas líneas, el de la calle San Fernando, el locutorio en el que, como otras veces he contado, se escuchan mezclados todos los acentos del Este, todas las risas y los llantos con sabor a lejanía, todos los murmullos indecisos cada vez que la imagen del otro no aparece en la pantalla.
Para un ser de soledad acompañada, como yo/como la mía, es muy importante contar con este tipo de detalles, con estas ventajas que ofrece la vida en el momento menos pensado en el que lo más probable es que te den con todas las puertas en las narices. Por eso poder contar con esta manera de compartir el mismo aire con personas a las que uno no conoce de nada, el aire de las ofertas de la comodidad de los pobres, como quien en una estación de autobuses comparte un banco mientras espera a que llegue la hora de salida, o como quienes sin rubor comparten los pormenores más íntimos de sus vidas durante una conversación iniciada en el compartimento de un vagón a sabiendas de que probablemente no volverán, aunque nunca se sabe, a verse nunca más, es una formidable manera de acercarse a lo que hay detrás de lo que no vemos, lo otro/los otros.
Ayer leí un artículo firmado por una mente lúcida de la que ahora no recuerdo el nombre, en el Correo de Andalucía, diciendo que no estaría mal sentar a un rico a nuestra mesa durante la cena de noche buena, para que accediese a lo que no sabe que existe, que sucede, que ocurre un año tras otro, para que viese a lo que sabe una cena cuyos lujos residen en una botella de vino que no está mal pero que ni con mucho llega a la calidad de una escueta primera marca, para que comprobase la melodía resultante de la autarquía proporcionada por el instrumento de una botella de anís, la mítica zambomba y la pandereta rota de un año para el otro, para que el tacto de la cuchara con la que llevarse un postre casero a la boca le aportase una idea del calor de la subsistencia, de la fuerza que hay que tener para no perder la cabeza viendo tan cerca a los culpables de la masacre, a los caníbales que tanto se parecen a ese monstruo que aparece en la parte final del anuncio de la lotería de este año. Para todos aquellos que hoy nos han abierto sus puertas, y para todos los que forman parte del pelotón de los pobres: GRACIAS.

4 comentarios:

  1. Buena idea, yo estoy por invitar a la Cristina a mi mesa...
    Salu2 navideños, Clochard.

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  2. Gracias a todos y cada uno de vosotros...!!Y si tuviera que invitar a un rico invitaría a Botín para que me contara si al otro lado existen clases o si por lo contrario todos somos iguales y le preguntaría ahora que puede hacer balance si hacer tanto dinero le hizo feliz.
    Un abrazo navideño!!

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    1. Yo creo que aún quería más, por naturaleza.

      Mil abrazos.

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