jueves, 30 de mayo de 2013

Un instinto primario.




La otra noche escuché a Fernando Trueba decir que uno de los instintos primarios del hombre es el del juego, pasárselo bien, divertirse, hacer bromas. Añadía que es una pena ver cómo después de la niñez parece que se nos impone una manera de comportamiento que entendemos como madurez, consistente en ponernos serios, vestir traje y corbata y acudir puntuales a una oficina para consumar una serie de obligaciones en beneficio de una empresa, cuyas megalómanas intenciones ni nos van ni nos vienen, salvo la humilde recompensa del sueldo, a cambio de nuestro sustento y, añado, llevándonos al callejón sin salida de la doble moral en el que nuestros quehaceres son bautizados con el nombre de las imposiciones que la maquinaria del sistema utiliza para engullirnos, haciéndonos salir a la calle cada día con más prisas y esforzándonos en ser todo lo formales que nos sea posible simular, fingiendo que somos menos niños de lo que somos con objeto de no desvariar sobre el escenario en el que hemos acabado instalando la supuesta realidad; para no dar el cante, como si los hilos de la marioneta en la que nos hemos acabado convirtiendo estuvieran tensados por una serie de presupuestos a los que no conviene oponerse, haciendo de la vida algo que no se parece a la vida, y separándonos cada vez con más fuerza de esa noble faceta de la diversión que desgraciadamente queda relegada a la infancia, de la que tanto nos acordamos, y que tan útil nos resulta para la resolución de algún que otro problema y para realmente disfrutar de las cosas más sencillas, de lo que las cosas son tal y como se nos presentan, sin esas como capas de pintura que se le van poniendo al sano y puro acto de vivir con las que se desfigura la naturaleza de los actos y el goce de la existencia.
Que la vida se parezca a la vida, eso es. Eso es lo que hace que la vida sea más vida de lo que es, que se parezca en todo lo posible a ella misma, a su esencia, más de lo que se nos permite que sea; y es que cuando la sensibilidad, como dice Luis Racionero, se pasa por el tamiz de la inteligencia surge el criterio; y con qué buen criterio transmite Fernando Trueba ese tipo de razonamientos con los que uno siente que no se encuentra sólo, a pesar de las dificultades encontradas hoy en día para poder con total libertad llevar a cabo uno de esos proyectos creativos en los que emplear la vida. Esas declaraciones aparecieron como el eco de una voz que en mi interior sonó en alguna ocasión al cuestionarme el paso del tiempo y el empleo del mismo, en uno de esos momentos en los que lúcidamente a uno se le antoja pensar que la exploración de los campos de la creatividad debe de ser una de las mejores maneras de invertir la existencia, jugando, investigando, construyendo algo y creciendo con ello, con la creatividad y el estudio, con las nobles tareas que agrandan el alma y la inteligencia y el sentido común, con todo lo que uno acaba por sentirse mejor persona por no pertenecer al galimatías reinante tan condenado a las catacumbas de la hipocresía, y por lo necesario que ésto se muestra para un cabal desarrollo de la civilización, de otra civilización. Pero claro, la libertad, dónde se encuentra la dichosa libertad traducida en tiempo libre y en sustento, dónde; y es que, volviendo a Luis Racionero, sin libertad no puede haber creatividad, y sin creatividad las libertades son estériles y las culturas están muertas; por lo tanto intentarlo es ya de por sí un buen motivo y tal vez uno de los mejores legados con los que poder diluirnos sin remordimientos de conciencia.

4 comentarios:

  1. Clochard:
    Lo malo es que algunos en vez de ser "infantiles" son "infantiloides".
    Salu2 infantiliza2.

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    1. Pues no es todo lo malo, Dyhego, después de todo.

      Salud.

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  2. A medida que dejamos de sorprendernos por las cosas que pasan a nuestro alrededor,dejamos poquito a poco de perder esa inocencia de vivirlas con intensidad.Yo,que no he dejado de ser niña y a veces puedo ser tachada de inmadura,ME ENCANTA!! ese gen mutado que tengo y es lo que hace que "la vida de adulto" se pueda sobrellevar...Un abrazo juguetón!!

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    1. Yo también me descubro cada día en el niño que fui, y me entra algo de tristeza al ver cómo nos empeñamos en no verlo. Hay más intensidad en cualquiera del los juegos de un niño que en todos los vanos pensamientos de la merienda de negros de esta "Nave de los locos".

      Mil abrazos.

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