sábado, 18 de mayo de 2013

Buscando a Bergotte.





Tengo en mis manos Por el camino de de Swann, la primera de las siete partes de las que consta En busca del tiempo perdido de Marcel Proust; esa obra de la que tanto he oído hablar, a cerca de la que algo he leído, como queriéndome internar poco a poco en ella, sin tocarla todavía, para conocer algunas de sus claves, sobre todo de la mano de esos escritores que uno tiene como referencia para identificarse con el mundo y para pasar las horas imaginándose los trazos de la vida encontrada en el interior de los libros, haciendo soportable ésta otra que tenemos, la supuestamente real, y a la que a la vez enriquecen, entre los que destaca Antonio Muñoz Molina. 
Para mí afrontar una obra de esta envergadura significa introducirme definitivamente en una empresa a la que le iba dando largas por ese querer afrontarla con más seguridad, como intentando tener las espaldas mejor cubiertas habiéndole previamente prestado mucha atención a cada una de las veces que el nombre de Proust salía en cualquier novela, ensayo, artículo o en uno de esos libros en los que brevemente se describe la vida de muchos artistas; datos e historias que me facilitasen fluir sin dificultad por este apasionante relato de eminente carácter autobiográfico. Una vez iniciada la lectura es como iniciar un nuevo curso, con esa sensación que tienen los estudiantes cuando llega septiembre y empiezan a preparar los cuadernos y a imaginarse todo lo bueno que les espera, en ese cúmulo de horas lectivas en las que el incentivo de la investigación es ya de por sí una recompensa con la que despojar de todo atisbo de pereza al falso mito de las penalidades del esfuerzo bajo el flexo, tan tristemente difundido en nuestra cultura a la que parece que siempre le pesa como una losa la soledad del estudio como si de la desazón de una irreparable pérdida de tiempo se tratara.
Uno de los pasajes a cerca de los que más opiniones había leído y escuchado es el de la famosa magdalena y la taza de té, con el que termina el primer capítulo de Por el camino de Swann, del que parece que todo el mundo está informado, del que se habla en charlas y conferencias, en presentaciones de libros y conversaciones, pero del que hasta que no se lee con atención no se extrae una mínima certeza de la profundidad de las reflexiones que subyacen en éste y en todos los pensamientos de Proust; la cualidad de la delicadeza en la forma en la que va dando cuenta, detalle a detalle, de todo aquello que le puede pasar por la cabeza a un ser delicado, la sensibilidad que hay en cada uno de los rasgos que describe, ya no los de la taza de té y la magdalena, sino lo de todo aquello que toca el razonamiento del autor, en el recorrido por cualquier planta, flor, hoja, tallo, brisa o rayo de sol, haciendo que ese tiempo perdido se pare para goce del lector, buscándolo en lo más recóndito de cada acto, deteniendo la concentración en la misma entraña de cada suceso, de cada idea, siendo minuciosamente testigo de cada uno de los atributos y características del entorno que describe. Y hablando de descripciones, a penas mediada esta primera parte, aparece una dedicada a la iglesia de Combray en la que se adivinan las futuras clases de arte a las que uno irá teniendo acceso a medida que se vaya desarrollando la obra. 
Pero hoy no quería escribir sobre la obra de Proust aunque ya lo haya hecho, utilizando una buena dosis de valentía respaldada por la ignorancia y por las ganas de hacerlo que brotan de las raíces de la inocencia y el desconocimiento, entre otras cosas porque a penas conozco su obra más allá de lo hasta el momento mencionado, pero sí de un grato recuerdo, relacionado con algo aparecido en Por el camino de Swaan, que instintivamente me asaltó en el momento en el que leía cómo el joven Bloch, amigo de Proust, le recomienda a Marcel la lectura de un tal Bergotte, y cuando más tarde, en una de las visitas que el señor Swann hace a la casa de los Proust, en la que encuentra al joven Marcel enfrascado en la lectura de un libro de Bergotte, se dirige a él preguntándole: ¿Qué está usted leyendo?¿se puede saber? ¡Ah! Bergotte, a lo que el joven le responde que se lo ha recomendado su amigo Bloch, tras lo que continúa el señor Swann: Pues tiene buen gusto, porque Bergotte es un escritor delicioso. Entones me he imaginado a mi mismo buscando entre la inmensidad de una librería de viejo, de esas en las que en una mesa central, situada en una de sus habitaciones interiores, se atestan en superpuestos montones cientos de libros de segunda mano que insinúan un aspecto misterioso y grupal como perteneciente a uno de los mundos inventados por Borges, como la situada en la plaza de los Terceros de Sevilla, a la que solía dirigirme tan solo por el gusto de oler aquellos miles de libros reunidos en tan pequeño espacio, tan solo por el placer de contemplar el pausado y diligente trabajo del señor que la regentaba y al que uno podía preguntarle todas sus dudas con la seguridad de tener delante a un profesor de literatura que se extendía en sus explicaciones como si entre él y el cliente se hubiera entablado un diálogo más propio de una sobremesa, con su diminuto escritorio y su ordenador, con sus vasos de barro rebosantes de lápices y bolígrafos, con su cara de sabio tranquilo rodeado de papeles, con la armonía que allí se respiraba fruto de la dedicación de este hombre por empeñarse en mantener aquello con el aspecto de un lugar al que uno podía dirigirse con la premonición de poder encontrar un tesoro; un tesoro que bien podría ser cualquiera de los libros que formen parte de la obra de Bergotte.

14 comentarios:

  1. El universo de Proust te fascinará y has descrito muy bien la magia de su detallismo milimétrico, su sensibilidad extrema, su magestad en cada página.
    Besos y versos.

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    1. Muchas gracias, Blimunda. Es una lectura para recrearse en el gozo de leer, para ir pasando, pausadamente, las páginas, deteniéndose, sin prisa, y atendiendo a cada uno de los detalles detrás de todos los cuales existe para él una simbólica carga de significado, delicadamente meditada, con la que quien leé se siente identificado por tratarse de una agudeza tal que escarba en el más mínimo rincón del alma; un lenguaje cercano a la poesía del que sale uno con la sensación de ser mejor persona.

      Besos, prosas y versos.

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  2. Después de leerte con atención solo me queda por decir:disfruta de tú incursión en el tiempo perdido y buena lectura Clochard...Un abrazo socrático!!

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    1. Disfruta tú también de Neruda y de García Márquez, de todo aquello que literariamente te atraiga y te haga sentir bien.

      Mil abrazos.

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  3. Clochard:
    Me leí "Por el camino de Swann" hace muchos años; seguro que ahora lo disfrutaría más. Sí recuerdo que, casi al final, nombran a Murcia.
    Salu2 magdalenienses.

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    1. Dyhego:

      Es un poco antes del final cuando se hace alusión a un baile, que tiene algo de beneficencia, con motivo de alguna catástrofe acontecida en Murcia, concretamente unas inundaciones; de lo cual se extrae que había buen rollo entre las ciudades de París y Murcia por entonces. Marcel Proust es una maravilla, qué quieres que te diga, un buen maestro.

      Salud.

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  4. Cuando habla d Bergotte habla de Anatole France.

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  5. Muchas gracias; que bueno es poder compartir inquietudes literarias. Feliz entrada de año.

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  6. Me está costando leer en "por el camino de Swann" pero vuestros comentarios me están ayudando. Gracias.

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    1. Cuando leo a Proust lo hago con el mismo mimo y cuidado con los que él escribía. Saboreo cada una de sus frases, muchas de las cuales sugieren un subrayado. No conozco a otro autor que haya sido tan detallista y puntilloso, tan agudo e inteligente. Luego, la trama, lo que pasa, es algo que sucede y que está ahí, que se retoma en el momento menos pensado; pero insisto, para mi lo importante, lo que me encanta y lo que me llama es esa manera tan inteligentemente descriptiva de analizar la vida y todo lo que la conforma.

      SALUD, Anónimo, y disfrute usted del placer de leer a Marcel Proust

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  7. Estoy leyendo ahora "Por el camino de Swann". Comparto todas vuestras apreciaciones. Proust es una maravilla, sus descripciones son como finos encajes hechos con primor y delicadeza. No se le escapa el más nimio detalle. Gracias por el dato de Anatole France. Justo estoy ahora en ese punto, cuando dialoga con su vecino Swann acerca de la escritura de Bergotte.Saludos a tod@s.

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    1. Bienvenida, Inma R. Disfruta de Proust tanto como nosotros.

      Salud

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  8. Hola, yo también estoy leyendo la primera parte de "En busca del tiempo perdido" y
    no me está gustando nada. Me aburre tanto "puntillismo" de las descripciones, que me recuerda a Galdós. En muy pocos libros me he saltado páginas por esa razón, en este lo he hecho. Espero cambiar de opinión pues llego por la página 140 y aún no sé cual es la trama del libro debido precisamente a lo anterior, es decir, se alarga tanto en las descripciones que no saco nada en claro. En cuanto a la delicadeza, yo me tengo por una persona sensible y aún no me ha calado en el ánimo...
    Siento mucho todo esto por que la literatura francesa me encanta, pero bueno....

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    1. Hola, Charo: Para mí Proust es un autor que hay que leer con deleite, dejándose sorprender, descubriendo sus descargas de sensibilidad en esos destellos de inteligencia con los que demuestra saber mucho del ser humnano; incluso me atrevería a decir que puedes abrir cualquiera de sus obras por una página al azar y dejarte llevar sin que sea demasiado importante la trama del relato; pero claro, esto es una visión muy particular. Siento que no te esté gustando, pero no importa, libro que no has de leer déjalo correr, hay mucho bueno de lo que disfrutar en la literatura.

      Salud.

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