jueves, 14 de julio de 2016

Altas temperaturas


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Si se para uno a pensarlo es fácil que el clima sea uno de los causantes de determinadas desafortunadas decisiones, de improperios, angustias, prisas, tensiones, que de otra manera, con otro bienestar más en regla y en relación directa con mantener las facultades intactas y dispuestas al intelecto, no resultarían tan frecuentes. Por mucho que quiera uno echarse el alma a la espalda el cansancio acumulado durante un año de trabajo junto con las altas temperaturas viene a ser una mezcla letal para la paciencia, para la calma, la tregua sana y serena, el comedimento y el contacto con la pausa de la reflexión. Las condiciones laborales en las que se encuentran miles de personas durante el verano en las zonas interiores del sur a veces provocan sacudidas de desesperanza, raptos de desidia, tormentos infecundos y maldicientes, torrentes de malestar sin rayos de luz en el horizonte. Lo que nos faltaba, cuarenta grados a la sombra y tórridas madrugadas. Pero claro, está el agravio comparativo, la conformidad no vaya a ser que, la toma de conciencia de que bastante nos ha costado llegar donde estamos, y eso nos separa un poco a los unos de los otros y nos hace que pase el calor a un segundo plano, como si le estuviéramos viendo las orejas al lobo, cosa que siempre conviene para dominar a las masas, que las orejas del lobo se encuentren ahí, en su sitio, en el lugar de la amenaza, en el punto de mira del gobierno que se ejerce a fuerza de miedo.  Este siglo veintiuno sembrado de adelantos y sobrestimulado hasta la saciedad nos impone un ritmo de vida que continuamente cae en el absurdo dejándonos en muchas ocasiones sin herramientas para sostener el empuje de los planes que acaban en la latosa incongruencia del error visto desde muy lejos. El hombre, que es un ser de cercanías, y de lejanías, según se mire y depende para donde se dirija, se siente sólo al comprobar que no hay quien se explique tanta contradicción y desaguisado. La serpiente se está mordiendo la cola hace tiempo, y de tanto mordérsela puede que lo mejor que nos pase sea que volvamos a un cierto retorno en el que se retomen ciertas pautas del sentido común, del menos común de los sentidos. Las apariencias siguen dominando la escena, y a mi hay algunas que me gustaría no volver a verlas ni en pintura, como a todos un poco supongo. Puede que la desconexión, lo deslavazado de mi escritura hilvanando este tipo de cosas que me vienen a la cabeza se deba también a las altas temperatura, a los chuzos de punta en blanco de olas para adentro, que le ponen los pelos de punta a uno cuando tiene que seguir soportando el sopor de un verano frecuentado en horas de trabajo.

2 comentarios:

  1. Las condiciones de trabajo en algunos oficios siguen siendo infrahumanas.

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    1. Después de todo aún somos afortunados.

      Salud, Dyhego.

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