lunes, 17 de julio de 2017

Hogar, dulce hogar


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Llevas toda tu vida estudiando, leyendo manuales y novelas, ensayos sobre los laberintos del alma, acumulando lecturas, depositando libros al lado de la cama; llevas toda tu vida persiguiendo el conocimiento, moviendo la cabeza, indagando en los comportamientos de las personas, atendiendo a las circunstancias de cada cual sin dejar de ponerte en el pellejo y en el papel de la poliédrica condición humana; llevas toda tu vida aprendiendo a decir que no o que si con esa franqueza de quienes dan por sentado que no existen fronteras para la libertad de expresión, defensora de la descarga de malestar que supone el sano hábito de sacar lo que nos quema por dentro, diciendo muchas veces lo que no se quiere escuchar, escuchando muchas veces lo que no se quiere decir, asistiendo al retrato que de la realidad hacen los que parece que no encuentran una salida para el aluvión de sinsabores anudados al día a día. Llevas toda tu vida sembrando la posibilidad de la autonomía, huyendo de las malas sombras, arropándote en el claroscuro de una habitación con las pupilas clavadas en una página a esas horas en las que el cuerpo se pone de acuerdo con la cabeza después de una larga jornada de trabajo bien hecho, tachando tareas de una agenda que en los últimos meses ha sido el mapa sobre el que se han ido dibujando las curvas de una Marathon que hoy ha cruzado su meta. Te levantas después de haber dormido a penas cuatro horas con la ilusión de una niña; haces una llamada telefónica que conecta los primeros movimientos de un camión de mudanzas con tu próximo destino; sales de casa con los aparejos de limpieza que te ha dado tiempo a coger sobre la marcha, se te olvidan hasta las llaves, no piensas en otra cosa, la emoción hace días que te invade y que recorre tu pensamiento ordenando cachivaches en ese organigrama mental con el que se le va dando forma al cuadro al óleo de los sueños, y al cerrar la puerta se nota que hay en ti un halo de creación y seguridad, una predisposición a ir hacia delante, que lo posiciona a uno en la importancia de la voluntad. Qué sería de nosotros sin esos arrebatos de cordura que nos empujan hacia la acción, a no dejar en manos del minué del azar lo que nos suceda o acabe por no ocurrirnos, no permitiendo que eso que llaman destino nos acabe por taladrar la cabeza y agarrotarnos tanto los músculos del cerebro como los del corazón; qué sería de nosotros sin esa pizca de sal que las ganas de actuar le ponen a la jornada que se presenta tan difícil. Son personas muy afortunadas aquellas que tienen un proyecto que se extiende por la explanada de la existencia concatenando tareas de otro proyecto global de lo que van siendo hasta alcanzar a ser lo que son, aspirando a ser lo que son, queriendo ser lo que son, averiguándolo en el curso de la senda del autoconocimiento, sorteando dudas y curvas peligrosas, arremetiendo contra las injusticias, indagando en los diccionarios de las soluciones más prácticas e imaginativas, poniéndose a prueba ante las adversidades que parecen haber llegado en el peor de los momentos; no hay lugar para el aburrimiento y las horas de calma se saborean bajo el influjo de la meditación, de la reflexión tras la que aparece otra idea que venga a completar el boceto original. Hoy abres las puertas de tu nueva casa, acaricias la textura de sus paredes recién pintadas, pasas la mano sobre las maderas que han sido restauradas, vas poniéndole de memoria color a las cortinas y a ese mueble que ocupará el hueco del rincón en el que ahora pones tu mirada; saboreas la cercanía de dormir aquí, de trabajar aquí, de despertarte aquí, de mirar a través de una de las ventanas el bello semblante de La Giralda. Abrir la puerta de un nuevo hogar se parece mucho a visitar un país al que tenía uno muchas ganas de viajar, introduciéndose en un mundo en el que todo está por hacer, por descubrir, por moldear al son del paso de los días con esa sensación de bienestar que proporciona disponer de un sitio en el que escribir los capítulos de un presente con habitación propia, con el azúcar moreno de un hogar, dulce hogar.


7 comentarios:

  1. Genial, Juan Carlos! Hogar dulce hogar! Un abrazo!

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  2. ¿Has cambiado de domicilio?
    Espero que tu hogar siga siendo un refugio de lecturas, de ideas y de ilusiones.
    Salu2, Clochard.

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    1. Esta entrada está dedicada a Madame Bisilabé y a su nuevo hogar, dulce hogar.

      Salud, Dyhego.

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  3. No entiendo nada, jajaja, pero bueno.
    Salu2.

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    1. Pues es muy sencillo; se trata de leer las entradas enteras, hasta el final, para darse cuenta y entender lo que tratan de explicar, y no escribir una opinión leyendo la última frase o el comienzo, o el título y ya está. Prueba a hacerlo y verás. Gracias.

      Salud, Dyhego

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  4. Me ha dolido, más que molestado, tu comentario.
    Buenas noches.

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