Hay personas cuya presencia percibimos mediante el recuerdo instintivo de los gestos cotidianos, en ese matiz del aprendizaje que nos lleva a acordarnos de ellas, porque la influencia de su manera de actuar sobrepasa los límites de lo ordinario convirtiéndose en parte de nosotros. Hoy, que tan en boga está el tema del liderazgo, el personal gasta miles de euros en cursos y conferencias y másteres y así todo seguido hasta el final, saliendo embutido en una mermelada de conceptos que lo único que hace es encauzar la autoestima de quienes responden por las ventas delante del consejo de dirección de cualquier empresa; pero de los que salen al campo a batirse el cobre en cada jugada/jornada, a echar ocho o nueve o diez o doce o catorce horas, como hay cola, pues no hay por qué preocuparse, salvo excepciones. Los equipos se reciclan con una facilidad inusitada; vamos de puesto en puesto porque necesitamos coger la postura y sentirnos cómodos para dar lo mejor de nosotros, para que no nos tomen el pelo, buscando dónde poder hacer bien lo que hagamos, esperando el ejemplo de los de arriba que casi nunca llega, hasta que nos encontramos con alguien tan afanado y volcado en su oficio como en sus sueños. Uno, que ha tenido más de cuatro jefes, y que desde hace tiempo se encuentra harto de escuchar discursos sobre liderazgo, ha tenido también la suerte de conocer a Gerónimo Patón Martínez. Geromo era Maestro pastelero, y entrenador de fútbol de niños que, desde que yo recuerde, han tenido el privilegio de contar con sus consejos en La Carolina. Geromo trabajaba un montón de horas en el obrador de la pastelería Los Alpes y después iba a entrenarnos al campo de tierra de la Ciudad jardín. Recuerdo la noche que, estando Geromo a punto de jubilarse, mi amigo Pepe Lázaro, dueño de Los Alpes, me dijo: "No te lo vas a creer, pero hay días, de esos en los que hay mucho trabajo y nos quedamos hasta más tarde, que cuando estamos a punto de salir vemos que en la puerta hay un grupo de chiquillos que ha venido a buscarle, esperándole para ir a entrenar". Geromo estuvo así, de forma altruista, durante más de cuarenta años, recordándole a los chavales que para ser buenos futbolistas tienen primero que aprobar los exámenes del colegio, ser educados y disciplinados, que la soberbia, la altanería y la arrogancia son malignos excesos o defectos que pueden llegar a hacer que, como dice Muñoz Molina, una frase trivial segregue el veneno que intoxica una vida. Siempre en su sitio. Geromo insistía en el valor de la humildad y en el significado del esfuerzo, en la honradez y en la deportividad; era un amante de la estrategia, le encantaba hablarnos de sistemas de juego, de formas de pensar el fútbol; Geromo era un Beckenbahuer a su manera, un amante de la docencia balompédica transplantable a cualquier otro ámbito, porque a pesar de que casi ninguno de aquellos niños acabásemos ganándonos la vida con el fútbol, hoy todos ponemos en práctica sus enseñanzas en nuestras distintas profesiones, recordando al auténtico maestro del liderazgo para quien el respeto al trabajo y a los demás constituía la base de su método. Todo el pueblo sabe que Geromo ha sido el mejor ojeador de la historia de La Carolina; descubría al instante la capacidad de aquellos de nosotros que con doce años tuvieron la suerte de ir a hacer pruebas para equipos de primera división; nos revisaba los balones y las botas para reprendernos que debíamos cuidar el material, que debíamos tener tacto con los tacos y los cordones y las medias y las espinilleras y la camiseta, con la limpieza del vestuario; Geromo enseñó a cientos de niños a vestirse de futbolistas como si se encontraran frente a un espejo para sentirse a gusto con la indumentaria; y esa dedicación y ese talante y ese talento no tienen precio. El rastro de algunas personas es indeleble por naturaleza, por esa tendencia a entusiasmar que tienen los seres humanos a los que no les cabe el corazón en el pecho, corazones que nos siguen alumbrando después de haber dejado de latir. Ahora nos queda el consejo que Geromo transmitía a los más pequeños, y que sería aplicable a cualquier equipo de trabajo que se proponga sacar adelante sus proyectos con esa deseable sensación de paulatina solidez que significa que se están poniendo bien los cimientos: "todos para adelante, todos para atrás, y a meter muchos goles". Siempre contigo, Maestro.
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sábado, 7 de julio de 2018
Geromo
domingo, 19 de noviembre de 2017
You shook me all night long
Siempre hay alguien en segunda fila ocupándose del más ínfimo de los detalles, del oportuno contrapunto, de la extensión, de las normas que no se pueden infringir si uno sabe lo que quiere; siempre hay quien persiste más en el ensayo y en la programación, en la disciplina tras la que se obtiene la libertad necesaria en el escenario, siendo consciente de todo lo habido y por haber en esos metros de autopista hacia el infierno, en esos kilómetros de carreteras y de cielos y de noches y de mansiones y de aquí te espero, en esas tablas fuera de las tablas, que en la continua improvisación de un a verlas venir sin alma ni concierto. Verdad; parece mentira. Siempre hay alguien dispuesto a darlo todo por intentarlo de nuevo, uno de esos irascibles bichos raros que necesitan la soledad pero que son enormemente amables. Todas las/los Figuras necesitan de otro que les guíe y les diga y les cuestione y les aconseje, de ese ser de quien parece incomprensible que formando parte del equipo no ambicione algo más, no aspire a nada más, más protagonismo, más salir en primera plana diciendo esta obra es mía. La música, el rock en concreto, se mueve bajo las coordenadas y los parámetros del ritmo, eso si, cuanto más expresivo y alternativo salvaguardando el buen guiso de las notas en su sitio mejor. Ha habido en los últimos cuarenta años Bandas y bandas, formaciones en serie y en Serio, grupos que lo han y que lo van haciendo unos lo mejor que saben y otros lo mejor que Pueden, de todo un poco como en botica, mejores y peores y mire usted los que más le gusten y paremos de contar, y Corriente Alterna Corriente Continua. Siempre hay uno que dice me quiero parar en este detalle, en esta cuestión, en este compás inexpresivo del que parece que nos vamos aburriendo. Siempre hay uno que se queda insatisfecho después de una comprobación; siempre hay un alma inquieta y poseída por los demonios del perfeccionismo, por lo enredos del saber que se sabe lo que se quiere pero hay que definirlo hasta la saciedad como condición sine que non irse a dormir tranquilo. Siempre hay un tipo que parece que está ahí como que no queriéndose dejar ver más de lo que se tercie, disfrutando de lo que se trae la peña entre manos al son que armoniza pensamientos en busca de la piedra filosofal del proyecto, indagando en las posibilidades. Siempre hay un escritor entre nosotros, sea cual sea el lenguaje; siempre hay un poeta de las imágenes y de los sonidos proyectando lo que da de si su mirada sobre los acordes de una canción en la que cabe una novela, una panorámica, una perspectiva, un recuerdo, un mundo caminado, una fantasía, un oficio. Ese era Malcolm Young, un virtuoso a la chita callando, un ser capacitado del pensamiento abstracto, un Maestro, un Clásico.
lunes, 17 de julio de 2017
Hogar, dulce hogar
Llevas toda tu vida estudiando, leyendo manuales y novelas, ensayos sobre los laberintos del alma, acumulando lecturas, depositando libros al lado de la cama; llevas toda tu vida persiguiendo el conocimiento, moviendo la cabeza, indagando en los comportamientos de las personas, atendiendo a las circunstancias de cada cual sin dejar de ponerte en el pellejo y en el papel de la poliédrica condición humana; llevas toda tu vida aprendiendo a decir que no o que si con esa franqueza de quienes dan por sentado que no existen fronteras para la libertad de expresión, defensora de la descarga de malestar que supone el sano hábito de sacar lo que nos quema por dentro, diciendo muchas veces lo que no se quiere escuchar, escuchando muchas veces lo que no se quiere decir, asistiendo al retrato que de la realidad hacen los que parece que no encuentran una salida para el aluvión de sinsabores anudados al día a día. Llevas toda tu vida sembrando la posibilidad de la autonomía, huyendo de las malas sombras, arropándote en el claroscuro de una habitación con las pupilas clavadas en una página a esas horas en las que el cuerpo se pone de acuerdo con la cabeza después de una larga jornada de trabajo bien hecho, tachando tareas de una agenda que en los últimos meses ha sido el mapa sobre el que se han ido dibujando las curvas de una Marathon que hoy ha cruzado su meta. Te levantas después de haber dormido a penas cuatro horas con la ilusión de una niña; haces una llamada telefónica que conecta los primeros movimientos de un camión de mudanzas con tu próximo destino; sales de casa con los aparejos de limpieza que te ha dado tiempo a coger sobre la marcha, se te olvidan hasta las llaves, no piensas en otra cosa, la emoción hace días que te invade y que recorre tu pensamiento ordenando cachivaches en ese organigrama mental con el que se le va dando forma al cuadro al óleo de los sueños, y al cerrar la puerta se nota que hay en ti un halo de creación y seguridad, una predisposición a ir hacia delante, que lo posiciona a uno en la importancia de la voluntad. Qué sería de nosotros sin esos arrebatos de cordura que nos empujan hacia la acción, a no dejar en manos del minué del azar lo que nos suceda o acabe por no ocurrirnos, no permitiendo que eso que llaman destino nos acabe por taladrar la cabeza y agarrotarnos tanto los músculos del cerebro como los del corazón; qué sería de nosotros sin esa pizca de sal que las ganas de actuar le ponen a la jornada que se presenta tan difícil. Son personas muy afortunadas aquellas que tienen un proyecto que se extiende por la explanada de la existencia concatenando tareas de otro proyecto global de lo que van siendo hasta alcanzar a ser lo que son, aspirando a ser lo que son, queriendo ser lo que son, averiguándolo en el curso de la senda del autoconocimiento, sorteando dudas y curvas peligrosas, arremetiendo contra las injusticias, indagando en los diccionarios de las soluciones más prácticas e imaginativas, poniéndose a prueba ante las adversidades que parecen haber llegado en el peor de los momentos; no hay lugar para el aburrimiento y las horas de calma se saborean bajo el influjo de la meditación, de la reflexión tras la que aparece otra idea que venga a completar el boceto original. Hoy abres las puertas de tu nueva casa, acaricias la textura de sus paredes recién pintadas, pasas la mano sobre las maderas que han sido restauradas, vas poniéndole de memoria color a las cortinas y a ese mueble que ocupará el hueco del rincón en el que ahora pones tu mirada; saboreas la cercanía de dormir aquí, de trabajar aquí, de despertarte aquí, de mirar a través de una de las ventanas el bello semblante de La Giralda. Abrir la puerta de un nuevo hogar se parece mucho a visitar un país al que tenía uno muchas ganas de viajar, introduciéndose en un mundo en el que todo está por hacer, por descubrir, por moldear al son del paso de los días con esa sensación de bienestar que proporciona disponer de un sitio en el que escribir los capítulos de un presente con habitación propia, con el azúcar moreno de un hogar, dulce hogar.
miércoles, 19 de abril de 2017
Puerta veintiséis aniversario
Hubo un veintiuno de Abril del noventa y uno y una hora concreta de ese día en la que el destino nos regaló un ser humano de los pies a la cabeza, el Pintinho del patio de un colegio de Osuna que con sus zapatazos de oro hacía que los abuelos de los niños sevillistas recordasen a Campanal; qué manera de chutar, qué manera de sentir, qué manera de jalar, que manera de subir y bajar por la banda, qué manera de gritar papá quiero una bufanda, qué manera, digo yo, de no saber nada más que decir que viva Manuel Turán. Hay, existe, lo confirmo y lo siento y lo palpo y lo canto si hace falta, una puerta veintiséis con la que, cosas de la magia del Sánchez Pizjuán, se estrena hoy un nuevo cumpleaños, una puerta por la que tendrán que entrar los Biris sin ser escoltados hasta los aledaños del estadio, con la sensación de asombro intacta, con el corazón en las gargantas de las que saldrá el aire que sople las velas de un aniversario que no le teme al adversario, que maneja el pincel en la mise en place del escenario, que a imagen y semejanza de aquellos otros, digamos que Arza, Busto, Lora, Suker, Reyes, Jiménez, Navas, Palop, Kanoute y tantos y tantos más, muestra también futuros ademanes de sabio. Hay una sonrisa, una forma de decir qué pasó, una manera de andar por la sala con la que me encontré a orillas del Cantábrico, una pose, un detalle, un estilo, una gramática parda de joven catedrático, una forma de amar las artes del servicio en sentido clásico, un colarse entre la defensa por un resquicio, un no recurrir al suplicio de no parar de quejarse ante un cero a tres en el partido de ida, una sacudida de talento fruto de la espontaneidad y de la fe en la remontada, una filosofía resumida en la forma de vida de los que de nada piden y todo dan. Hay una sensación de alivio cuando con él me encuentro pisando la hierba de mármol de Old Trafford. Hay una visión de juego, un no dejar para luego lo que ahora está muy claro, una ejemplar suerte de llevar la bandeja, una moraleja para cada ocasión en la que el directo nos ofrece una lección, una dirección en el toque de balón, un ojo que mira por la espalda antes del último pase, una fase de calentamiento con un cafetito en la zona del desbarase. Hay un sentido común, unas normas, una disciplina, un método, un afán, una cata de pan, un no temerle miedo a la puré, un ayer nefasto que se olvida a partir del momento en el que volvemos a tener contacto. Hay un abecedario del trabajo, unos tirantes que se visten por los pies, una partida de ajedrez en el salón Diario, el descriptivo vocabulario de la elaboración de un plato, un desparpajo y el savoir faire de un buen anfitrión, un amigo y compañero, un jugador de primera división. Hay personas que han nacido con el don de servir a los demás, de atender y comprender y saberse poner en la piel de los clientes, con ese aire de mayordomos del siglo XXI cargados de experiencias a pesar de su juventud. Hay una fila de copas alineadas, una muletilla con el lomo bien doblado, una servilleta plegada en las manos del señor Ramos; hay una silla cepillada con mimo y con cuidado, un pase de cocina en el que se tachan las comandas con esmero, un rigor de cirujano en cada cosa que hace, en cada copa de cava que vierte, en cada botella de Valbuena que vende, en cada vez que se le nota en la cara que le divierte estar cansado y al mismo tiempo lleno, pleno, realizado, contento, satisfecho. Eso, ladies an gentlemen, es lo que hay: así es Don Manuel Ramos.
MUCHAS FELICIDADES, MANUEL!!!!!!!!!
domingo, 27 de julio de 2014
Live in Germany
Sé que estarás alucinando con mil y una cosas diferentes, con las chicas tan monas de aquellos barrios, con los árboles y los tejados y con lo que se ve a través de aquellas ventanas, con esas calles en las que aparecen nombres cuyo significado descifrarás pronto fácilmente. Sé que las frases que aparecen en tus nuevos libros de texto, ese mejunje de letras juntas de difícil pronunciación, a veces te hacen gracia y a veces te hacen mirar al techo: plantearte otra pregunta, cuestionarte el por qué de otra cosa. Sé que la declinación de esa nueva lengua tuya pronto será el pan tuyo de cada día, hasta que acabes desentrañándole los misterios a su vocabulario y te atrevas con el apunte de unos cuantos versos con los que conquistar a tu Amor. Qué placer, compadre, tener la vida por delante; tener esos amaneceres a tus pies tras los que vienen los días cargados de insospechadas aventuras, de inauditas fotografías, de fotogramas a punto de formar parte de tu presente continuo, de tu felicidad de chaval que sabe lo que quiere. Qué placer darle la bienvenida a un nuevo cumpleaños tan lejos y tan cerca, tan convencido como estoy de que el aire que respiras se aproxima a la dicha del descubrimiento. Escribir en un instante lo que escribo, dice Muñoz Molina, es como tocar en directo; y eso me gustaría a mí: tocar en directo contigo, y formar parte de ese par de tíos que aparecen en la foto, eso sí: tú eliges quién es quien. Porque escribir esto ahora, dedicarte estas líneas, a lo Hemingway, es un orgullo que sobrepasa a todos los protocolos de lo establecido, es algo que me llena más que atender a mucha gente que a diario me habla de cosas que nada tienen que ver con mis preocupaciones; y no sé si sabrás que una de mis mayores preocupaciones, uno de mis sueños, es que llegue el día en el que pueda tocar junto a tu banda una canción; y te digo que ahí estaré para conectar los cables, para montar el escenario, para hacer las pertinentes pruebas de sonido, para cambiarle un parche a la batería o para llevar los trastos de un lado a otro; ahí estaré para poner a la altura justa tu micrófono, para limpiar los mástiles de tus guitarras, para sellar en el suelo las chuletas de los estribillos más difíciles, para decirle al de la mesa de sonido que los graves o los agudos necesitan un toque específico para cada canción; ahí estaré para conectar los focos y darte luz o sombra en función de los requerimientos del concierto; para ser tu manager en los peores tiempos del comienzo, para vender entradas y luego adecentar tu camerino, para ir de pueblo en pueblo, como esos personajes del Viaje a ninguna parte de Fernando Fernán Gómez, durmiendo en hoteles de mala muerte hasta conseguir llenar, en este caso, el Olímpico de Munich abrazados en un final de actuación en el que solo me quede decirte FELICIDADES, JUAN.....y ein kühles blondes a tu salud.....
sábado, 27 de julio de 2013
Doce deseos de felicidad
Estimados lectores, les voy a contar una noticia de la que seguramente no tengan constancia, de la que seguramente no haya llegado nada a sus oídos, una noticia de la que no tienen ni idea. Me he frotado un par de veces la cara, me he pellizcado insistentemente en los brazos para ver si era cierto o si se trataba de un sueño, de una alucinación, pero les aseguro que lo que me dispongo a contarles a continuación es completamente cierto. Me podrán llamar chalado, me da igual. Podrán sugerir que estoy loco, zumbado, miren ustedes, por un oído me entra y por otro me sale porque doy fe de lo ocurrido. No salgo de mi asombro. Aún siento una ligera conmoción que me viene acompañando desde el momento en el que tuvo lugar el maravilloso suceso. He vuelto varias veces al lugar de los hechos para asegurarme, para ratificar la magnitud del acontecimiento, para convencerme definitivamente de que he sido un elegido, un privilegiado, un hombre que ha contado durante unos minutos con la extraordinaria fortuna de lo nunca visto. Increíble, inaudito, alucinante, descomunal, como un hechizo, pero cierto.
La historia ha sucedido de la siguiente manera. Iba yo esta mañana paseando por las calles de Huelva que más poesía me sugieren, a lo mio, a mi aire, mirándolo todo, fijándome en las cosas, relajado, como siempre, como suele decirse: a mi bola, aunque había algo que me rondaba continuamente la cabeza. El día era plácido, luminoso, templado, ideal. Todo parecía más o menos normal: la gente, los coches y autobuses, las fachadas y balcones, los ruidos típicos del barrio, pero a mediada que me iba deleitando con el paseo iba notando una sensación agradablemente extraña. Notaba como esa corazonada que se tiene cuando presentimos que nos vamos a encontrar con alguien a quien hace mucho tiempo que no vemos, y al doblar una esquina lo primero que me ha venido a los ojos ha sido el resplandor de un objeto brillante, más que brillante, resplandeciente, siendo tal el brillo que no he tenido más remedio que ir acercándome poco a poco, cada vez con más atención. Aquello se encontraba en un pequeño rincón que tenia la pinta de estar reservado para el acontecimiento. No he dudado ni un instante en agacharme para comprobar de qué se trataba.
El objeto en sí tenía una forma parecida a la de las teteras en las que preparamos las infusiones, pero más esbelta, con un aire de cosa bonita, especialmente bella. El estampido, el big bang, el milagro, lo absolutamente mágico ha sucedido cuando me he atrevido a tratar de acariciarla...............Insisto, me pueden decir que estoy como una regadera, que no sé lo que digo, que se me ha ido la cabeza como a Don Quijote, pero, perdonen, estoy a punto de quedarme sin palabras. En ese momento ha comenzado a salir un leve humo del interior de esa especie de tetera, muy suave y muy aromático, embriagador. Ha sido una mezcla de humo y vapor que me ha hecho pensar que me encontraba en otro planeta, y acto seguido he escuchado una voz. Esa voz era claramente la de un sabio, como la de los oráculos, una voz deliciosa, y entonces esa mezcla de humo y vapor se ha convertido en un cuerpo casi transparente suspendido en el aire; y ese cuerpo, y, prepárense, todo eso que estaban viendo mis ojos, se ha transformado en la fantástica aparición de un... cómo decirlo... de un.... de un Genio. O sea, que me encontraba delante de una lámpara maravillosa... yo, quién me lo iba a decir, delante de una lámpara maravillosa. Acto seguido todo ha transcurrido en la más absoluta confianza. Ese Genio y yo hemos estado charlando un rato que, disculpen por la emoción, ha sido más o menos como a continuación voy a tratar de explicarles.
Genio: Tranquilo, no te pongas nervioso que no me como a nadie. Llevo toda la mañana detrás de ti y hay que ver lo difícil que me lo has puesto, hay que ver por qué calles te metes. Mira, Charlie, sé lo que estás pensando, estás pensando que mañana es el cumpleaños de Juan.
Charlie: ¿Y tú cómo sabes eso?¿ y cómo sabes mi nombre?
Genio: Pero qué tonto eres, parece mentira. Pues porque soy un Genio, o es que acaso tengo pinta de mecánico o de carpintero o, como tú, de camarero que todavía no sabe ni lo que es un Genio.
Charlie: Bueno, disculpa, no pretendía molestarte.
Genio: Escucha, he venido porque también sé que estás pensando en qué podrías regalarle. Lo sé todo. También sé que lo que más te gustaría es desearle muchas cosas buenas, toda la felicidad del mundo, pero comprenderás que aunque soy un Genio, y no un camarero que por mucho que vaya a la biblioteca parece ser que todavía no sabe ni lo que es un Genio, pues tengo una serie de normas, y la más importante de todas esas normas es que cuando se trata de un cumpleaños concedo un deseo por año cumplido, de modo que cuando quieras puedes empezar a decirme cuáles son tus deseos para Juan, para ese chaval que ha inventado el BalónJohnnie, el Jaque Polea, el Jaque Robótico y uno derivado de éste llamado Jaque Eléctrico, además de haber sido la persona que mejor ha definido tu manera de roncar.
Charlie: pero ¿Qué me dices?
Genio: Venga hombre, vamos a lo que vamos, o es que quieres que te recuerde que cuando roncas pareces un martillo hidráulico. Pero qué te has creído, por quién me has tomado, ya te he dicho que lo sé todo. Y para sacarte de dudas te recordaré que eres tan ingenuo que has llegado a dar lugar a que Juan te tuviera que explicar que el Ratoncito Pérez es un invento; desde luego hay que ver. Venga, díme ya de una vez cuáles son los deseos que quieres pedir para Juan.
Charlie: A ver, apunta, puede que sean más de doce, a lo mejor alguno más.
Genio: Madre mía, qué pesadito te pones, no me extraña que Juan estuviera hasta el gorro de que le llamaras Gormiti; vamos hombre, que todavía tengo que atender otros cumpleaños, pero espero que no sean tan pesados como tú. Desde luego, y por lo que estoy comprobando, Juan, además de ser un estudiante sobresaliente tiene mucha paciencia contigo. Venga ya de una vez.
Charlie: Mira, lo que deseo para Juan es que siga conservando ese espíritu de investigación, ese gusto por el estudio, esa afición por la lectura. Le deseo que siempre continúe escribiendo poemas con el mismo gusto que lo ha hecho hasta ahora, y cada vez mejor. Le deseo que esa manera suya de ser cuidadoso le acompañe a todas partes, que cuide de sus padres y de su hermano, y de toda su familia, con el mismo mimo y entusiasmo que lo hace con todo lo que le gusta. Le deseo que crezca fuerte y sano, que haga deporte para divertirse y que no se enfade cuando le gano al ajedrez..
Genio: Disculpa que te interrumpa. Vamos a ver, yo entiendo que tú le hayas enseñado a jugar al ajedrez, pero lo que no puedo comprender es que no se te ocurra darle vidilla de vez en cuando. Claro que a este paso la próxima vez que lo veas y juegues con él te vas a enterar de lo que vale un peine. ya puedes seguir cuando quieras.
Charlie: Llevas razón, como se haya inventado otro tipo de Jaque me va a ser muy difícil. por cierto, ¿por qué deseo me había quedado?
Genio: Uuuffffff, que tío más pesado, eres un pesado de ida y vuelta, un pesado a las finas hierbas, un pesado....
Charlie: Ah, vale, vale, ya me acuerdo, sigue apuntando. También le deseo que viaje mucho, que disfrute del mundo, que algún día conozca París, Londres, Nueva York, Tokio, Roma, Lisboa, Viena, Berlín, y todas las ciudades más bonitas e interesantes del planeta. Le deseo que aprenda idiomas y disfrute de la comunicación con personas de otros países. Le deseo que sepa tomar decisiones inteligentes para que todo le vaya muy bien. Le deseo que pueda elegir si le apetece tocar algún instrumento, o pintar algún cuadro, o esculpir una estatua, o cualquier cosa que tenga que ver con el arte, aunque sea como entretenimiento. Le deseo que cuando vaya al instituto disfrute del cambio, y luego en la universidad. Le deseo las novias más guapas que puedan ser imaginadas, las mejores personas, las chicas más lindas. Le deseo que algún día pueda tener un taller en el que desmontar, pieza a pieza, toda clase de máquinas, como por ejemplo una lavadora.....
Genio: para, para, para un momento. Esta misma mañana me ha llegado un e-mail de una señora que dice que tiene una lavadora guardada para él. Se trata de una señora que conoció en el hospital cuando se estaba recuperando de una lesión en el codo. Si quieres la llamo ahora mismo y que nos la traiga. Total, con lo pesado que eres podemos estar aquí hasta mañana, de modo que esa señora dispondrá de tiempo de sobra.
Charlie: Vale, por mi estupendo, ya verás qué contento se pone cuando la vea.
Genio: Vamos, no te pares, continúa diciéndome..... espera, que voy a coger otro folio... ahora, venga.
Charlie: Le deseo que sepa rodearse de buenos amigos, de buena gente con la que poder gozar, con la que poder llegar a ser una gran persona y a compartir lo que tiene. Le deseo que encuentre el tesoro de la amistad y que sea muy, muy feliz. Le deseo que no se tome algunas cosas tan a pecho, que no se enfade nada más que cuando sea necesario, porque es una chaval que se merece disfrutar de todas las cosas con ese talento suyo tan gracioso, cariñoso y simpático. Le deseo que en la celebración de su cumpleaños todos sus amigos se sientan orgullosos de él y él de sus amigos, que se lo pase pipa, que se ría mucho. Le deseo...
Genio: Oye, Oye, parece, con lo que me estás diciendo, que se está confirmando toda la información que yo tenía. Te prometo que haré todo lo posible por que estos deseos se cumplan que, teniendo en cuenta cómo es Juan, casi que podríamos asegurar que le espera un futuro muy feliz; pero, como te digo, yo haré todo lo posible para que así sea...Y ahora te quería proponer una cosa, viendo ya la hora que es, y teniendo en cuenta que la señora de la lavadora no llega, vamos a hacer un trato. Yo me voy volando a otro sitio en el que me están esperando para hacer otra lista de deseos, y en lugar de llevarte la lavadora te llevas mi lámpara. Así la podrás usar en otro momento. ¿Qué te parece el cambio?
Charlie: Me parece genial.
Genio: jajajajajaja...jajajajajajaj... qué gracioso. Bueno, parece que te has quedado contento. Espero que todo vaya bien por El sueño de la lagartija. Para cualquier cosa, para cualquier duda, tienes mi teléfono apuntado debajo de la lámpara...... Aaaaaaaddddddiiiiiiioooooooosssssss...............
He cogido la lámpara y he caminado hasta mi casa con ella en las manos. Me he creído el tío más afortunado del mundo. Aún siento los beneficios del contacto con ella, y el dulce recuerdo de mi charla con el Genio. Al llegar a mi apartamento he puesto la lámpara sobre la mesa y he ido a preparar un café, y al volver he visto como de ella salía un montón de letras voladoras que han ido a posarse sobre todas y cada una de las paredes formando idénticas expresiones que decían:
FELICIDADES, CAMPEÓN, FELICIDADES, CRACK, FELICIDADES, JUAN ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
jueves, 6 de junio de 2013
Pura alegría.
Ayer, algo más tarde del medio día, mientras preparaba la ensalada del almuerzo, recibí un mensaje en el que se me informaba de que el Premio Príncipe de Asturias de las letras de este año le ha sido otorgado a Antonio Muñoz Molina. La emoción fue inmediata, al igual que el pensamiento que me hizo volver a reconocer la fortuna que poseemos al contar con él entre nosotros. No conozco personalmente a este autor, pero son tantos los buenos recuerdos que tengo de las lecturas de sus libros que la noticia me hizo sentir que en ese instante estaba compartiendo algo de eso que es fácil repartir entre las buenas personas con las que uno trata: la ausencia de maldad ni de revancha, las cosas por su sitio, la sencillez con la que se muestran las explicaciones y lo que éstas contribuyen a que la vida sea más vida, y en el caso de Muñoz Molina, y de forma especial, la manera tan humana en la que ofrece sus conocimientos en todos aquellos lugares en los que va depositando el rastro de sus palabras: en sus novelas; en esa página de Ida y vuelta con la que cada sábado se inaugura Babelia, el suplemento cultural de El País; en los libros en los que se recopilan sus artículos, como Las apariencias, Travesías o La vida por delante; en los breves relatos recogidos en Nada del otro mundo; en los magníficos ensayos en torno a la creación literaria que pueden ser encontrados en Pura Alegría, o los dedicados al arte en El atrevimiento de mirar, la última de sus obras junto con el sensato y pormenorizado repaso a las causas y consecuencias de la actual crisis encontrado en Todo lo que era sólido; en los prólogos de alguna obra como los Cuentos completos de Juan Carlos Onetti, ¡Absalom, Absalom! de William Faulkner o la autobiografía de Hermann Melville; en la revista Muy interesante, opinando y aportando su sentido común en el terreno de la ciencia, y allá donde aparezca porque encontrarlo es como percibir que conviene detenerse a escuchar algo que tal vez en algún momento pueda ser útil, entre otras cosas, como decía Flaubert de la lectura, no para divertirse ni para alcanzar nada en concreto sino para vivir, sencillamente para vivir.
Una clara muestra de esa cercanía se encuentra en Escrito en un instante, el apartado de su página web en el que comparte con todos aquellos que lo deseen la belleza de las cosas cotidianas, el día a día, en el que sus lectores encuentran un motivo para disfrutar de la sensibilidad de este hombre en una pocas líneas, en las que va contando lo que le sucede, lo que piensa, lo que se le ocurre, lo que quiere decir, lo que ve, lo que se imagina, lo que le da la gana, haciendo de ésto una especie de diario en el que uno puede lo mismo acercarse a un cuadro de Juan Gris que a un aula del Instituto Cervantes de Nueva York; a un paseo en bicicleta por Upper east side o a un centro de investigación dependiente de la NASA; a un viaje por Lyon o a un regreso a Madrid tras seis meses en Estados Unidos; a la vida en definitiva y a todo lo que ésta tiene de bueno y de dado al disfrute, de bello e inteligente, de crítico y mejorable, a esas ganas que a uno se le pegan de querer saber, cada vez que encuentra en sus libros aquello que tantas veces se preguntó: la huella, el instinto, el olfato, la apetencia, la emoción, el alimento, la imagen, el sonido, el pincel, la secuencia, el ritmo de la palabra, el vocablo acertado, la sintaxis ejemplar, la guía para no perderse entre tanto como encierran los estantes de la biblioteca, el faro, la referencia, el punto de fuga y de mira, todo lo que tiene que ver con la literatura con lo que se disfruta tanto como un autodidacta lo hace con esa serie de listas en las que va introduciéndose en la historia.
ENHORABUENA, MAESTRO.
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