lunes, 12 de octubre de 2015

Estar ahí


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Cada vez que cumplo años me paro a pensar que se trata de uno más, pero sin caer todavía en la cuenta de que sea uno menos, como si estuviera todo a medio hacer, como si esto no hubiera hecho nada más que empezar, como si no tuviera ningún reparo en seguir construyéndome de la misma manera que lo hace el lúcido adolescente consciente de las oportunidades que le brinda la juventud. Decía Oscar Wilde que de los veinticinco en adelante todos tenemos la misma edad. La verdad es que justo cuando se acaba de atravesar la frontera de los cuarenta, a pesar de aún sentirse uno un niño, empieza a mirar algunas cosas de otra forma, con más paciencia, con mucha más transigencia y menos pérdida de tiempo, con más aceptación sobre uno mismo. Solemos escuchar que no se tiene más edad que la que se ejerce, y es verdad. Cada día tengo la oportunidad conversar momentáneamente con personas que superan los sesenta y los setenta, y durante los escuetos minutos que dura el intercambio de palabras que van desde la bienvenida al restaurante a la despedida final, con algún que otro trufado comentario de corte jocoso para romper el hielo de la distancia que supone no habernos nunca visto antes, aprecio en muchas de ellas un tono de juventud adquirido por la experiencia, una pose de envidiable sencillez vital, una postura ante la vida, un alegrarse del aire que respiran que lo contagia a uno hasta los huesos. Si echo la vista atrás es tanto y tan poco lo andado, es tan borroso el recuerdo del trabajo que me ha costado hacer de mí el camarero que soy, que lo único que se me ocurre es seguir haciendo lo posible por que no decaiga mi sentimiento de gratitud ante la fortuna de la que dispongo, como si las puertas del campo estuvieran abiertas de par en par. Nunca me ha gustado ese tipo de prejuicios y de deberes que inexorablemente han de ir adquiriéndose por el simple hecho de cumplir años; no se le pueden poner frenos a las ideas que uno tenga siempre y cuando sea capaz de compaginarlas con las responsabilidades del papel que ha adquirido en su vida. Si acaso hay algo que me disgusta de cumplir años es ese paulatino acercamiento que en países como España te lleva a dejar de ser alguien válido hasta caer en el olvido cuando llegas al límite de cierta edad; siento un profundo respeto, y comparto con ellos el sentimiento de rabia, por todas esas personas que han dejado de estar en el mercado, que encuentran muchas dificultades para disponer de un nuevo empleo; me causa mucha admiración la manera en la que los japoneses respetan a sus mayores, siendo allí la veteranía realmente un grado. Por lo demás se encuentra uno muy a gusto de poder seguir en la brecha, de continuar entreteniéndose haciendo lo que más le gusta, y siente uno la profunda satisfacción y alegría de todavía ser alguien para aquellos que, para lo bueno y para lo malo, están ahí.


   

6 comentarios:

  1. Yo creo Clochard,que siempre es mejor sumar que restar.Un año más de sabiduría,de experiencias vividas,de atardeceres sevillanos,de libros leídos,de momentos para recordar...Estoy de acuerdo contigo en que,la sabiduría que contiene la edad madura,está desaprovechada en la sociedad en que vivimos.Pero,seguro que cuando seas viejecito encontrarás la forma de compartirla y que yo lo vea o lea...Happy Birthday Juan!!
    Un abrazo congratulations!!

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    1. Muchas gracias, Amoristad, por tu generosa amistad.

      Mil abrazos

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  2. Es cierto que la edad física es distinta de la anímica, ya lo creo que sí. Y es la gran tragedia, ver que el cuerpo no responde cuando tu mente sí.
    Y para consolarse, más vale cumplir años, señal de que se está vivo.
    Feliz cumple, Juan Carlos.

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    1. Muchas gracias, Dyhego. No se tiene más edad que la que se ejerce.

      Salud

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  3. A por otro. Siempre serà un dia importante.

    Beso. Reyes.

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    1. Muchas gracias, Reyes. La importancia de sentirse vivo es equiparable a la emoción que siente un niño cuando trata de encontrar un regalo escondido.

      Besos

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